
Según explicó Virgen María a los medios, el nacimiento de Jesús fue complicado, aunque al final no hubo problemas en el alumbramiento.
A las siete estaba previsto el bautizo del hijo de uno de los titiriteros, y así se produjo, con más de 300 invitados ruteros. Una celebración especial, sin duda.
Yo y mi talón, convaleciente todavía de l caída de la litera en Arroyo de la Sierra, no podíamos más y nos fuimos a la tienda a descansar. Fue tan profundo el sueño que allí me quedé dormido hasta que Adri, uno de mis chicos, me despertó en mi profundo dormitar. Llegué una hora tarde a comer, y el castigo, merecido, fue servir la comida a los 350 chavales, cuerpo médico y monitores. Fue por obligación, pero me eché unas buenas risas entre platos y delantales.
En esa red de redes recibí una grata noticia. Santiago Tejedor, coordinador y alma de Tahina Can, monitor de la Ruta Quetzal en la edición del 2004, y gran viajero, me ha invitado a la expedición de este año a Perú. Lima, Cuzco, Machu-Picchu…Demasiadas cosas bonitas…y mucho trabajo por hacer en Mediapro. Le debo días de vacaciones a mi jefe (entre mi escapada a primeros de año a Irlanda y la Ruta Quetzal), así que creo que será misión casi imposible. Pero hay que intentarlo…
Al final la cena, o recena, porque los expedicionarios ya se habían hartado de comida basura, y TeleRuta para cerrar; Y que no se me olvide, unas fotitos con varios chavales que iban ataviados con camisetas como las que a mí me gusta, a rayas rojas y blancas, en el pueblo natal de Jesús Gil Gil.
El gran grupo se dividió en dos en la mañana. Unos fueron a ver los Arribes del Duero, en la frontera entre España y Portugal, y el grueso de la expedición, nos quedamos en el campamento haciendo piragüismo y tiro con arco.
Por las aguas del río a orillas de Zamora nuestros botes comenzaron a zarpar río arriba. En mi kayac íbamos Jorge, el peruano, y yo. Al principio nos costó ponernos de acuerdo en eso de la rematada, pero al final, lo conseguimos, y no había quien nos ganara…salvo Jesús Luna. Llegamos a la meta que nos inventamos, y después de la actividad, un merecido descanso en el bote y bajo el sol. El resto del grupo fue llegando escalonadamente y chorreando en agua después de las batallas entre navíos y fragatas. Será bautizada como la Batalla del Duero. El parte de heridos se elevó a 200 personas con fuertes dolores en el estómago de tanto reír. Paella, pollo bien rico y siesta en el bus, camino de Burgo de Osma (Soria).
Con fuerza y energía, cuando se acercó la medianoche, toda la tropa de la Quetzal, se dispuso a asaltar la fortaleza de Gormaz. Este antiguo castillo, el más grande de España, uno de los más grandes de Europa, fue residencia de Rodrigo Díaz de Viva, El Cid campeador, y Doña Jimena. El cid vivió entre estas almenas cuando era alcaide de Gormaz, el pueblo sobre el que se erigió, y que ahora ve una buena parte del mismo derruido.
Dicen los lugareños, que en los días claros se divisa el paisaje a varios kilómetros de distancia, y es que esa situación estratégica, en lo más alto del cerro, hacía de esta posición militar un lugar envidiable.
El asalto al castillo fue literal. Mochila a cuestas y montaña arriba, mientras sonaban los tambores de lo más alto de la fortaleza. Las ganas por llegar fue nuestro mejor aliado frente a la pendiente, y la luna llena, nuestra guía en el camino. Sin tizona, ni señora, pero como un señor, viví y dormí en este castillo el 19 de julio del año 2008, hubiera escrito a mi marcha.
Pie de foto: un momento del ensayo del pasamanos / un funcionario cansado en el Palacio Real / Foto de grupo / Un momento de los discursos / Foto de los Reyes con los monitores (las tres de Ángel Colina-Ruta Quetzal) / Zamora desde la playa de Los Pelambres.
La llegada al Palacio Real, situado en la capital de España, justo enfrente de la Catedral de la Almudena, se produce por la entrada principal. Posteriormente subimos las escalinatas de acceso a los salones, adornadas con alfombras y tapices de la Real Fábrica, y elaborados artesanalmente. Cada peldaño subido es uno menos hacía el Salón de las Columnas, el lugar de la recepción oficial a la ruta Quetzal.
Todos los chicos y miembros de la organización colocados, los periodistas en su lugar, y el resto de personas, descolocados. El sofocón es tremendo. Sube la temperatura, y los nervios comienzan a aflorar. Solo pasa cinco minutos sobre la hora prevista, las doce del medio día, y por la puerta situada a la izquierda de la habitación hacen entrada los reyes.
Los discursos son breves, claros y concisos. El rey parece más mayor en persona, y esa condición lo hace todavía más respetable si cabe, y a la vez más entrañable. La reina, sin embargo, cuida su edad con un elegante vestido, de un tono verde claro. Su acento se antoja erudito, mezcla de varias lenguas cultivadas por ella a lo largo de intensa formación.
Se acercan a algunos chavales, y el rey se sorprende cuando ve a Robin, el chico emberá, con taparrabos incluido. La reina nos pregunta a los monitores por los expedicionarios, por la fecha de finalización de la ruta, y ambos nos desean suerte en lo que resta de aventura. En esta ocasión, el protocolo ha marcado el acto, tan solo roto por la alegría de los chavales cantando la canción de la expedición, “Mozart en Ruta Quetzal”, en la estancia adyacente al Salón de la Columnas.
El gran momento, el del pasamanos, espero que quede inmortalizado en una foto que nos regalarán el último día (así fue). Mi idea es ponerla es ponerla en mi futuro, y deseable, despacho. Espero que así sea.
Por la tarde nos esperaba el otro lado de la Ruta, la del sagrado compromiso, cueste lo que cueste. Bocadillo en el autobús y corriendo un acto protocolario bajo el “Lorenzo” a las cinco de la tarde en el exterior del Archivo General de Simancas (Valladolid), y un poquito después, pero ya en un salón de actos del nuevo edificio de las Cortes de Castilla y León, en Valladolid, una presentación de un libro de la pasada edición de la Ruta Quetzal. Para compensar el atropello de horarios y tostón corporativo, la Junta de Castilla y León ofreció un refrigerio a los chicos. Alguno que otro termino el día, a pesar del pan y agua (o refresco, en su defecto), criticando lo criticable.
Después de nuestro paso por la capital vallisoletana, llegamos por fin a Zamora, nuestro lugar de acampada. Fue en la playa de Los Pelambres, a orillas del río Duero, frente a una hermosa postal de la ciudad castellana a la luz de la luna.
En Zamora, el 17 de julio de 2008.
El Palacio Real ya fue otra cosa. Las instalaciones estaban preparadas para una recepción que dio la Casa Real a los príncipes de Arabia Saudita, y como tal, el palacio estaba convertido en eso, y no como un gran museo como se mantiene el resto del año. A esto hay que sumarle el detalle que cerraron el Palacio Real para la Ruta Quetzal Y para más gozo, le añadimos el conocimiento y forma de comunicar de Puri, nuestra guía. Nos hizo sentirnos reyes o príncipes, según gustos, sumergiéndonos en sus historias. La de Carlos IV y su pasión por lo relojes, o la de la Reina Sofía y su pasión por la música, entre otras muchas. Magnífico, sí señor. Y mañana otra de reyes y reinas, recepción oficial de Sus Majestades Don Juan Carlos I y Doña Sofía.
El almuerzo, con helado y sandía incluida, la hemos hecho en la plaza de Oriente. Y para después del ágape, tocó revivir la Guerra de Independencia dos cientos años más tarde en la Fundación del canal de Isabel II. Más tarde nos dio una recepción en la Secretaría General Iberoamericana su presidente, Enrique Iglesias. Antes de dormir en el campamento de Boadilla del Monte, fiesta de disfraces de la Unión 21 (el grupo 13 y el 8 de la monitora Gema) para celebrar el cumpleaños de Rubén (mi chico de Costa Rica) y de Carmen, del grupo 8. Fue improvisada y muy muy divertida. Gema de pseudos abeja maya, Eu de pelucho del anuncio del 11818, unos cuantos de Tarzán, etc., etc., etc.
En Madrid, el 16 de julio de 2008.
Tenía mucha ilusión en conocer y revivir, aunque solo fuera unos minutos, todo lo que han vivido políticos de distintas ideologías sentados en sus escaños decidiendo y marcando los designios de España.
Me tocó sentarme en el escaño de Federico Trillo, antiguo Ministro de Defensa del gobierno de José María Aznar por el grupo del Partido Popular. Como un niño con zapatos nuevos, toqué los botones de la votaciones: ahora voto sí, ahora no, otra vez, y por último, será que sí. También estuve investigando en el ordenador que tienen los diputados en su puesto, y observé con atención todos los detalles del hemiciclo. José Bono, presidente del mismo, y uno de mis “hombres de confianza” en política, hizo de gran anfitrión. Fue la guinda al pastel. Para terminar, una visita a los salones y un vistazo rápido a la Constitución Española.
La comida fue en el Jardín Botánico de Madrid, y la conferencia vespertina en la Iglesia de San Sebastián, una pequeña capilla situada en plena calle Atocha, que aunque pueda pasar desapercibida para los viandantes, sus peculiaridades son muchas. En su altar se bautizaron o se casaron decenas de ilustrados e intelectuales de la talla de Adolfo Gustavo Bécquer; en este templo, así mismo, también está enterrado el magnífico escritor Lope de Vega.
Después de la conferencia, un poco complicada por la hora, nos fuimos de excursión a la Chocolatería Valor, que amablemente, y tras pasar por la consiguiente y extensa cola, nos ofrecieron chocolate con churros. Un jolgorio en pleno centro de Madrid que hizo incluso que algún vecino poco amigo del jaleo, hiciera un intento de regarnos con un cubo de agua, pero no sabía que para nosotros el agua era ya parte de nuestras vidas ruteras.
Marcaba las cero horas en el reloj del puesto de guardia de la Academia Militar de Toledo cuando el taxi me dejó en la puerta. La entrada en el pabellón, donde dormían los chicos, nunca la olvidaré. Fue como la mili, pero al revés, como si empezará por el final. Subí las escaleras, y aunque lógicamente nunca había estado allí, el sitio me pareció familiar. Allí estaban mis soldados, prestos a dormir tras el toque de diana. Pero cuando entró este capitán, se rompieron filas, y la disciplina se fue al traste, como cuando los familiares se despiden de sus hijos, hermanos y maridos que van a la guerra. Llegaron todos con abrazos y mucho cariño, y con una marca de guerra elaborada en el tiempo libre que tuvieron en la ciudad imperial: un tatuaje que ponía “Amor de JP”. Este capitán no cabía en sí mismo, y aguantó el tipo por eso del rango, no porque el corazón no le hubieran tocado.
Hoy es el cumple de mi papa, y desde primera hora de la mañana estoy intentando felicitarlo, pero no hay manera. El valle, las montañas, o que sé yo, impiden que llegue la cobertura. Paciencia.
La subida al Calar de la Sima (Parque natural los Calares del Mundo y de la Sima) está precedida de unas visitas a talleres de mimbre, pan artesano y trillas (un tablón con pedazos de pedernal o cuchillas de acero encajadas en una de sus caras que sirven para separar el grano de la paja). Comienza la pendiente, y los expedicionarios empiezan a caer como moscas. Cuarenta se quedan en el campamento junto a Javi y Justo, los monitores sacrificados, y más de 15 se retiran antes de la primera hora de caminata. Los estragos y convalecencias del esfuerzo de ayer, pasan factura. Sin duda, para los que resisten, la recompensa es inmensa. La satisfacción del deber cumplido, por una parte, y las maravillosas vistas del Calar de la Sima, por otro.
Antes de llegar, ocurre una anécdota de las que se recordarán bastante tiempo. En uno de los pasos complicados de la ruta de hoy, en el que había que atravesar un camino estrecho para evitar caer al agua de un río, Jorge, el chico peruano de mi grupo, se confía y a pesar de las recomendaciones de Pati, una de las dos subjefes de campamento, cae al agua. Pronto, ella misma y Juanchope, uno de los monitores, lo sacan del agua. Empapado, con la cámara pasada por agua y con el susto en el cuerpo, porque casualidades de la vida, la natación no era su fuerte. Él fue el primero que salió riéndose, y por eso lo cuento. Por eso, y porque fue realmente divertido. Después nos aprovechamos del retraso para que nos adelantarán un poco en 4x4. Una aventura más de la Ruta.
Fotos: nacimiento del Río Mundo / Con Jorge, el peruano de mi grupo, y la famosa gorra amarilla / un instante de la preciosa bajada de la Sierra de Alcaraz, última parada antes de llegar a Arroyo de la Sierra.
Al medio día, en plena solanera, una exhibición de cetrería. Mientras, este señor, usa ese bendito tiempo para darse un homenaje en forma de siesta, a la sombra, eso sí. Y después bajada por la Sierra de Alcaraz (una comarca manchega histórica del suroeste de la provincia de Albacete) y sus magníficos paisajes kársticos. No sabía que Albacete tuviera tantas y tan bonitas montañas. Recibimiento en Arroyo de la Sierra por parte de sus habitantes con bailes y cantes típicos, ducha fría al aire libre y a las diez de la noche y cama para dormir. Esto último, sin duda, un auténtico placer.