jueves, 10 de septiembre de 2009

Día 3: El día de la secta (José Pablo García)

La mañana amaneció clara y despejada. ¡Buena noticia! Pusimos rumbo a Tartu, la ciudad universitaria por antonomasia de Estonia, que goza de un gran ambiente y un bonito conjunto monumental de los siglos XVII y XVIII, pero sin duda, lo que más impresiona de la ciudad, son sus bosques, no parques, sino bosques, con sus juegos infantiles y todo.



Otro detalle de este clásico pero a la vez vanguardista pueblo que no debería perderse el visitante es su coqueta plaza del Ayuntamiento engalanada con la Fuente de los estudiantes que se besan (instalada en 1998) y su universidad. Después de la visita seguramente se plantean ser Erasmus o profesor durante una temporada por estas tierras.


Después de Tartu, tocaba alejarse del turismo, y casi de la civilización y fuimos a ver el Lago Peipsi y los pueblos que acampan en su orilla. Este lago, de 47.800 kilómetros cuadrados (143 de largo y 48 de ancho) separa los países de estonia y Rusia. En la orilla de la parte estonia, una zona muy interesante para los que busquen algo distinto, habita una comunidad rusa que mantiene su idioma y costumbres.



Entre los siglos XVIII y XIX, una secta de la iglesia ortodoxa rusa, los Viejos Creyentes, se estableció en esta área al ser perseguidos por no aceptar las reformas litúrgicas del patriarca Niken (1.666). De ahí que casi todos los pueblos de la comunidad, tienen unas características propias. Por ejemplo, las casas se suceden en una sola fila y todas tienen un icono en su interior. En nuestra escapada, estuvimos visitante Raja y Mustvee, dos de estos pueblecitos con encanto. El camino de vuelta, ahora de Estonia a Letonia siguió siendo muy entretenido por el paisaje.



Llegamos ya de noche a Sigulda, pueblo conocido como la Suiza letona. Lógicamente, todo a oscuras, no pudimos comprobarlo, y fuimos prestos en busca de un hotel. Por suerte, nos encontramos un paraíso, el Hotel Livkalns. Mañana, después de dormir, os cuento más.


En Sigulda (Letonia) a 19 de agosto.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Día 3: Los buenos días en Tallin y las buenas noches cualquiera sabe (Carlos Yagüe)

En mitad de un día espléndido, iniciamos nuestra ruta sin saber exactamente dónde pasaríamos la noche. El objetivo era acercarse a Lituania e ir viendo ciudades por el camino.




Tartu fue la primera parada. Esta es la segunda urbe más importante de Estonia, con mucho ambiente universitario del que fuimos ajenos debido a la época estival en la que hemos realizado nuestro viaje. La coqueta Tartu tiene sus puntos de interés en su zona céntrica, además todos bastante cerca, con lo que en algo menos de dos horas volvimos a nuestro confortable Corsa para retomar la ruta.



La segunda parada fueron los pueblos de Raja y Muntvee. El empeño de José Pablo nos condujo a estas reducidas poblaciones, retiros vacacionales ideales para los que quieran huir del stress. Pocos habitantes y muchas iglesias, incluso de diferentes religiones. Hace dos siglos se asentó en estas poblaciones la secta de los Viejos Creyentes, de los que no queda ni rastro hoy día. Esta visita nos permitió mojarnos los dedos en el lago Pepsi, del que una gran parte ya pertenece a Rusia. Las dimensiones de este lago (unos 150 kilómetros de largo y unos 50 de ancho en sus partes más superlativas) le permiten albergar 29 islas, de las cuales seis están habitadas.


Ya en mitad de la noche seguíamos sin tener alojamiento en el que pasar la noche, aunque sí que sabíamos cual sería nuestro destino: Sigulda (Letonia) una pequeña población situado en el Parque Nacional de Gaujas, que recibe este nombre por el río que lo atraviesa. Nuestra llegada a Sigulda se produjo tras atravesar un camino que parecía inexplorado, en mitad del bosque, y del que daba la impresión de en cualquier momento nos podía sorprender un oso.


Finalmente, encontramos en el Livkalns nuestro hogar por unas horas. Este era un acogedor complejo de madero en el que tras una rápida negociación con la amable recepcionista encontramos un buen sitio en el que descansar, y además a un buen precio.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Día 2: Ciudad de Tallin, nos comemos un oso (José Pablo García)


Antes de llegar al momento de saborear tan suculento manjar, os narraré, para hacer por orden, nuestra llegada a Estonia, y su capital, Tallin. El viaje de un país a otro, estuvo marcado por el mal tiempo y la lluvia. Las carreteras, casi todas de una vía de doble sentido pero en buenas condiciones, no empeoraron la situación afortunadamente. Los paisajes a un lado y al otro de la calzada, eran una repetición desmesurada de verde con verde, arcenes de hierbas finas, árboles bien copados de ramas…
Al filo de las cuatro de la tarde llegamos a Tallin sin ningún problema; aquí las señales si existen. Aparcamos, previo pago de cinco euros por una hora (los precios para estacionar los vehículos en el centro histórico de las capitales Bálticas son muy caros para restringir al máximo el aparcamiento en esas zonas). Después fuimos a nuestro hostal, el Old House, en la calle Uss, en pleno corazón medieval de la vieja ciudad de Tallin. Precisamente el emplazamiento es lo mejor de este austero albergue que no aporta mucho más que una cama y ducha en el pasillo.


Más tarde, ya con un increíble sol comenzaba la visita. El ambiente medieval que realmente existió en esta ciudad, y que salvando las distancias aun perdura, se mantiene gracias a la excesiva pasión de todos los agentes turísticos por vender esta ciudad única y exclusivamente de esta manera. Independientemente del estilo, Tallin, o mejor dicho la ciudad antigua, tiene una magia que hace evocar al visitante a épocas pasadas. Edificios reconstruidos, la limpieza de sus calles, y la tranquilidad que se respira, hacen idílica esta parte de la capital estonia.



De la visita, que en tres o cuatro horas puede estar resuelta, yo destacaría la plaza del Ayuntamiento, alegre y vital, con la farmacia más antigua del mundo (siglo XV) en una de sus esquinas, sus torres y murallas medievales, y la catedral rusa Alejandro Nevsky. En esta última, pudimos ver la celebración de una eucaristía ortodoxa, una religión desconocida en nuestro país, por desgracia, como tantas en España debido a la falta de educación religiosa en general en las escuelas.




Para el final dejamos la visita a la parte moderna desde el casco antiguo, y por la noche, el plato fuerte del día, una ración de oso para la cena. Sí, sí, como escuchan. Fue en el Restaurante Old Hansa, en una plaza de la ciudad antigua (no tiene perdida), un lugar que transporta al comensal, a base de coronas estonias (no es carísimo, pero cobran por todo a un precio de restaurante europeo, es decir, unos 20 o 30 euros por persona) a la época medieval a través de la única luz que dan las velas, el menaje en barro y los detalles, hasta el más mínimo, incluyendo el atuendo de los camareros. Todo era del Medievo, al menos del que nos ha llegado.




La carta era completa, pero el oso, un animal “habitual” en el país, fue lo más exótico y diferente del menú, y por eso lo pedimos. Oso, pollo con salsa, una exquisita sopa de champiñones y un par de cervezas con miel y canela. Respecto al gran protagonista, les diré que a pesar de las grandes expectativas y el gran precio (44 euros), no fue nada espectacular; una carne más prieta, fibrosa y oscura, pero con sabor a ternera, un poco más fuerte quizá. Por lo menos, ya sé a que sabe. El postre fue un plácido sueño. El oso pudo con nosotros.

En Tallin a 18 de agosto de 2009

viernes, 4 de septiembre de 2009

Día 2: El oso y el agua de manantial en Tallin (Carlos Yagüe)


La salida de Riga no fue más fácil que la llegada, ya que la deficiente señalización de la capital letona nos hizo dar unas 500.000 vueltas para encontrar la avenida Brivibas, que nos debía poner en la dirección correcta para ir a Tallin, nuestro primer destino en Estonia.

Cuando nos logramos situar en el buen camino iniciamos un lluvioso viaje hacia Estonia, con la pertinente parada en la frontera para retratar el momento. El gobierno estonio mantiene una férrea política de mantener el centro de la ciudad libre de vehículos, de la que sufrimos las consecuencias pagando cinco euros por una hora de parking.


Una vuelta por el casco antiguo de Tallin nos mostró que esta es una capital en la que se ha sabido explotar a la perfección turísticamente el origen medieval de la urbe. El contraste entre las tiendas y restaurantes decorados para hacernos recordar a lo que se supone que era el medievo, contrasta con los altos y modernos edificios que se encontraban a tan solo unos metros.
Disfrutamos de una suculenta cena en el ‘Olde Hansa’, posiblemente el restaurante más representativo de esta vorágine medieval. Allí ejercimos de ‘guiris’ en Estonia. José Pablo se dejó llevar por su afán por probar cosas nuevas, que sólo Dios sabe donde le llevará, y pidió un plato de oso, que al cambio salía por unos 44 euros. La broma final fue que nos cobraron dos vasos de agua, vasos, sin botella, a más de euro y medio cada uno.
El cansancio no nos permitió rematar el día con la vueltecita de rigor y el sueño nos atrapó hasta el día siguiente en nuestra modesta habitación.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Día 1: Señales, ¿eso qué es? (José Pablo García)

Aterrizamos en suelo letón pocos minutos antes de las ocho, una hora menos en España. Una recogida sala de equipajes, un escueto bar y algunos pasillos de corto recorrido; también había en la zona de Salidas alguna oficina de alquiler de coches. Una de ellos, la única que permanecía abierta, nos ofreció nuestro método de transporte durante nuestros siete días en las Repúblicas Bálticas, un Opel Corsa azul matrícula HC 1979. A partir de entonces, todo se complicó.


Los gobernantes de la capital de Letonia tienen la fea costumbre de no señalizar sus calles, y muchos de sus habitantes, al menos los que puebla la fauna nocturna de la ciudad, de no saber donde están las cosas. De lo primero, y para hacer honor a la verdad, las señales de dirección obligatoria sí que las colocan con las flechas que guían al conductor en la jungla en la que se convierte mezclar en una misma carretera coches, tranvías, autobuses, trolebuses y bicicletas. Pero lo típico de “Hotel Juanito”, a 200 metros o Centro Ciudad, a 1 kilómetro a la derecha (con su correspondiente flecha indicadora), aquí no existe, o por lo menos, nosotros no lo hemos visto. Y lo de preguntar, podríamos definirlo de caótico. Los más, no tenían mucha idea de inglés, otros se asustaban al escuchar el idioma anglosajón y salían corriendo y otra gran mayoría (comprobado en al menos diez individuos) parecía entender pero o no sabían o no contestaban. Y así nos llevamos una hora y medía dando vueltas para encontrar nuestros hostal, el Riga backpacker, en pleno corazón de Riga.


Era tarde y fuimos a buscar algo para comer. Lo encontramos, lógicamente después de dar muchas vueltas. Era el Alus Arsenal (Cervecería Arsenal), un acogedor restaurante con un salón abovedado decorado con gusto y un toque medieval. Con una carta del lugar y una variedad de cervezas largas, fue una buena elección. Carlos y yo nos comimos un metro de salchicha con varias salsas, que terminamos de digerir cuando la caía la tarde del día siguiente, y varios tipos de cerveza, la mejor la de la casa, riquisa y para no olvidar.


Para bajar tan popular como grandiosa comida, nos fuimos a una de las plazas principales de Riga a tomar otra cervecita, Zelta, una de las más demandas. Lo más peculiar de la terraza era las mantas que ofrecían a los clientes para no pasar fresquito en la noche letona. Nosotros aceptamos el ofrecimiento, y nos reímos un rato.

En Riga a 17 de agosto de 2009

martes, 1 de septiembre de 2009

Día 0: Arranca la aventura Báltica (José Pablo García)

Los preparativos cuando se viaja con Ryanair se hacen más arduos que con cualquier otra compañía. La última de la aerolínea irlandesa es que solo permiten una maleta de mano, y punto y final; nada de bolsos, bolsas o mochilas, excepto, claro, los productos adquiridos en el Duty Free (digo claro con la resignación de ver que una vez más lo que impera es el puro mercantilismo muy por delante por la seguridad o las apariencias de buscarla). Pero bueno, primero nos llevaron a Liverpool (Inglaterra) (con una mini visita a los alrededores del aeropuerto internacional John Lennon, y después a Riga de forma puntual, correcta y efectiva.


Como siempre digo, los viajes comienzan antes de que comiencen. Los preparativos, las lecturas, los sueños, imaginaciones y suposiciones darán paso a la realidad, bonita muchas veces, diferente otras tantas, y menos maravillosa las veces restantes. Como dijo Maurice Maeterlinck, los mejor de los viajes es lo de antes y lo de después. Esta aventura la compartiré con Carlos Yagüe. Desde 2002 compañero de clase en la Universidad de Sevilla, y desde poco tiempo después, gran amigo. Periodista, como yo, trabaja actualmente en el periódico deportivo Estadio Deportivo, pero igual vale para un roto que un descosió. Uno de los miembros de LADZ (Los amigos de Zapata, grupo que instauramos en los tiempos de Facultad), se convertirá en el único valiente después de que los amigos Nacho y Edu se echaran atrás por diferentes motivos. Lo conozco tan bien que se que estos días serán un éxito, y si no, por lo menos nos reiremos.


En Riga, a 17 de agosto de 2009

lunes, 31 de agosto de 2009

Día 1: Con el inglés no se llega a todos sitios (Carlos Yagüe)

Como no podía de ser de otra forma, el inicio de nuestro viaje comenzó con un desayuno en la bodega Puente, en un barrio rebosa ‘sevillanía’ como La Florida. Una vez concluido el trayecto en avión, con escala en Liverpool, llegamos a la primera parada de nuestra peripecia báltica, Riga, la capital de Letonia.


Tras recoger el coche de alquiler, un solvente Opel Corsa azul, en el epílogo de la tarde letona, llegamos a Riga en la más completa oscuridad, y con un reto por delante: encontrar nuestro hotel en una ciudad escasamente señalizada y en la que el conocimiento del inglés de sus habitantes es aún peor que el nuestro.

Nuestras preguntas para localizar el hotel, en el idioma de Shakespeare, se vieron ignoradas hasta en cuatro ocasiones, de muy malas maneras, pareciendo incluso el ciudadano letón molesto por dirigirnos a ellos en una lengua distinta de la autóctona. Esto, unido a la desesperación de estar más de una hora dando vueltas de forma infructuosa por Riga, empezó a sumirnos en una desesperación de la que sólo salimos tras dar con nuestro hospedaje, previa ayuda de un taxista que nos intentó estafar.



Ya instalados, vivimos brevemente la noche de Riga. Una cena de una salchicha de un metro de longitud, con cerveza de la zona incluida dio paso a una de las birras más originales que hemos tomado: en el mes de agosto, en una plaza y… con mantas!
En Riga, a 17 de agosto de 2009

lunes, 24 de agosto de 2009

Nuevo artículo en www.espaciodigitalcadiz.com

Os dejo el enlace de una nueva colaboración en el diario diario digital:

http://www.espaciodigitalcadiz.com/opinion/6266/

Nueva colaboración en el periódico on line www.espaciodigitalcadiz.com

Desde esta semana y de forma periódica casa dos semana colaboraré con un artículo de opinión en el renovado periódico on line http://www.espaciodigitalcadiz.com/.

Nueva colaboración en el periódico on line www.espaciodigitalcadiz.com

Desde esta semana y periódicamente cada dos semanas colaboraré con una columna de opinión en el renovado periódico on line de la provincia de Cádiz, http://www.espaciodigitalcadiz.com/. El primero de los artículos es una oda a la casapuerta, ese lugar tan nuestro en el que pasan tantas cosas.
Espero que os guste: