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domingo, 18 de agosto de 2013

Día 6: Ayutthaya, ruinas de parada obligada


Cada kilómetro que me separa de Bangkok me hace más feliz. En concreto hoy me siento 86 kilómetros más a gusto, justo los que separa la tranquilidad de Ayutthaya de la capital. Esta ciudad, de no más de 80.000 habitantes, tuvo el honor de haber sido la capital del antiguo Reino de Siam (1350-.1767) y aun mantiene algunos vestigios de tiempos pasados.




Para llegar se puede optar por una excursión de un día desde Bangkok (400-600 bath) o hacerlo por cuenta propia, que es bastante sencillo, ya sea en tren (65 bath y poco más de una hora) o bus (algo más complicado aunque más rápido). Una vez aquí, resulta casi obligado alquilar una bici (100-200 bath – día). Nosotros no lo hicimos y nos arrepentimos durante algunas horas.




La distancia entre templos es grande y el calor, asfixiante. Aún así nos armamos de valor y fuimos a descubrir el pasado tailandés. A la vuelta, cuando el calor nos ganó, regateamos, ese verbo omnipresente en este país, para coger un taxi que nos llevara al Centro de Estudios Históricos de la Ciudad (100 bath), pequeño pero muy interesante. Tras la parte cultural, tocaba reponer fuerzas y lo hicimos en un santuario para los mochileros en esta ciudad, el Tony´s place. Buena cocina, buen precio, buen lugar. Y a la estación que nos esperaba un tren nocturno rumbo al norte, a Chiang Mai (10 horas – 400-700 bath dependiente si se opta por un asiento o cama en litera. La alta vale más algo más barata).




En Ayutthaya a 6 de julio de 2013



jueves, 15 de agosto de 2013

Día 4: Bagkok se vende


Krungthep Mahanakhon Bovorn Ratanakosin Mahintharayutthaya Mahadilokpop Noparatratchathani Burirom Usomratchanivetmahasathan Amornpiman Avatarnsathit Sakkathattiyavisnukarmprasit. Es el nombre oficial de la ciudad que, resumido, quiere decir “Ciudad de los ángeles”, pero para el resto del mundo se quedó el nombre que conocemos porque esta gran urbe se fundó sobre una pequeña aldea llamada Bang Makuk (lugar de ciruelos). Lo de los ángeles sería antes. Ahora Bangkok, es otra cosa. Ciudad caótica, loca, sucia, con un olor fuerte que impregna a todo y a todos y con mercados callejeros que no dejan un milímetro libre al paseante. Bangkok, se vende.



Los mercados callejeros tienen todo tipo de exquisiteces: comida, refrigerios, ropa, tecnología, pilas, copias de llaves, libros, amuletos y todo lo que piensen. No hay tregua. El puesto de pha tai (plato estrella nacional) da paso al puesto de pescado frito y este al de amuletos de la suerte. Los tenderos del mercado nocturno cogen sitio a la puerta de la ferretería para montar, como si tal cosa, un restaurante efímero allí mismo. Es, a pesar de todo, francamente alucinante.


Para inaugurar este ciudad confusa, incoherente y enmarañada ciudad, escapamos del asfalto y nos montamos en un típico barco de popa larga para descubrir la vida en torno al río. La experiencia bien merece la pena. Si solo quiere darse una vueltecita rápida, puede coger alguno de los ferries locales, más baratos. Todo simplemente diferente.


En Bangkok a 4 de julio  de 2013