domingo, 31 de marzo de 2013

Día 3: Ora viva (gastronomía portuguesa)


Me atrevo a decir que una de las motivaciones más grandes del viajero es la etnogastronomía, es decir, comer los productos locales y hacer gala de ese dicho que dice “haya donde fueres, haz lo que vieres”. Una cocina sencilla, con una base mediterránea y siempre abundante es la que acompaña a los portugueses.




Los entrantes están salpicados de sopas y caldos varios, embutidos y buen queso de diferentes variedades. La carne, con especialidades según la región, o el pollo en todo el territorio, son parte importante del menú. Los guisos, tan propios de una cocina con memoria, dan consistencia igualmente a la gastronomía (cataplana –cacerola de cobre donde se guisa la carne o el pescado. En la imagen inferior-, cocido, feiojada, etc. pero, sin duda, el pescado, al menos en buena parte del territorio, por supuesto en Oporto, es el rey. Y entre todos, luce el bacalao.




 En una gran ciudad como Oporto hay cientos de referencias para comer buen pescado, pero yo me quedo con uno que me recomendó mi amigo Luis Márquez, un trotamundos empedernido, el Ora Viva. Casi a orillas del Duero, en un estrechísimo, casi incómodo, local con sabor añejo y aire marinero, la familia Pinto pone de comer como en casa. Pedimos un delicioso bacalao al estilo de la casa, de los que tienen sabor por su mismo, acompañados por un vino verde de la zona. Nunca olvidaré esos sabores, ese momento, esas anécdotas que me contaron tras la barra, bien el ascensor manual que siguen usando para subir los platos desde la cocina, bien los miles de monedas y billetes que guardan de los clientes. Son los pequeños placeres de la vida.




La digestión se nos antoja obligada y como propuesta insuperable podría valer una paseo por el Duero y bajos sus imponentes puentes. Para completar el proceso había otro obligado en la ciudad que bautizó a un vino, copa de Porto en alguna de sus innumerables bodegas. La lista es larga, más de 50 empresas vinateras. Las más conocidas Sandeman, Calem, Ferreira y, por su museo, Ramos Pinto. Todas situadas en la antigua Cale, Vila Nova de gaia, abren de 10 a 18 horas y son en general de pago con degustación incluida. También las hay más humildes y gratuitas (por ejemplo Quevedo, que tiene degustación incluida al comprar el billete para el ferry en barco por el Duero). Sea como fuere, hay que disfrutar en primera persona de la esencia de una cultura y, por supuesto, un negocio que mueve al año casi 300 millones de euros. Yo, de tierra de bodegas y con mis dos abuelos trabajados en el negocio de las botas, los arrumbadores y la solera, admiro con envidia las cosas bien hechas. Mucho que aprender.




En Oporto, a 2 de marzo de 2013.

Día 4: Venecia está en Portugal, los huevos moles y Évora, Patrimonio de la Humanidad


Amanece agitada la prensa portuguesa. Ayer, por enésima vez en los últimos tiempos, sus ciudadanos salieron a la calle a manifestarse contra los (males) usos y abusos de su Gobierno, así como la connivencia de éstos con la Troika europea. En Oporto fueron 400.000 personas, pero en el resto del país le siguieron otros miles.



Partimos de vuelta a primera hora, antes incluso que la amplia feligresía de los pueblos portugueses entren en misa, con rumbo a España y parada en Aveiro y Évora. La primera, Aveiro, es un traslado del norte de Portugal al de Italia sin aviones de por medio. Es una pequeña Venecia sin glamour, una ciudad de canales, pescadores y también mucha industria que tiene un paseo, más por lo curioso que por otra cosa. Y antes de marcharnos, una dulce peculiaridad, los ovos moles (huevos moles) una crema de huevo similar a las yemas, cubiertas por una oblea con distintas formas.


Carretera, manta y dos opciones para llegar a Évora: las carísimas autopistas lusas o las interminables carreteras nacionales. ¿Paciencia o dinero?, esa es la cuestión; Horas después, más o menos según lo elegido, llegamos a Évora.


El paso del tiempo, de la historia, se hace presente en este conjunto arquitectónico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en el que se mezclan por sus calles un templo romano construido en el siglo II d.de C., unos arcos árabes, calles medievales o una catedral de origen románico. Todo confluye en la plaza porticada do Giraldo, la imagen de Évora. Además del valor artístico es curioso observar como, al igual que la historia, las arcadas de la plaza son irregulares y de distintas medidas.


A la belleza y la complejidad de este gran monumento que es Évora solo le falta, como a buena parte del patrimonio que hemos visto estos días, más cuidado y limpieza. Sorprende como un a monumento declarado Patrimonio de la Humanidad no se le exija un mínimo de conservación y protección.

La lluvia, la suave brisa atlántica que refresca el final del invierno y el sabor de las últimas castañas asadas de la temporada ponen el punto y seguido de mi idilio con Portugal. Pronto continuará.

En Évora, a 3 de marzo de 2013.

El Público aventurero viaja al país de moda, Chipre


La actualidad manda. En todos los periódicos, emisoras de radio e informativos de televisión, no hemos parado de escuchar el nombre de un país, Chipre. Un gran desconocido situado en una pequeña isla del Mediterráneo, cerca de Grecia y Turquía, y que tiene muchos secretos por descubrir. ¿Quieres conocerlos?

Les dejo el enlace para que lo escuchen AQUÍ. Otra forma de viajar, escuchando... (Día 22 de marzo a partir del min. 125)



Pueden escuchar la sección de viajes El Público aventurero en el programa El Público de Canal Sur Radio (de 16 a 19 horas) con Jesús Vigorra los viernes a partir de las 17.30 horas a través del dial en toda Andalucía y en todo el mundo por la radio on line en www.canalsur.es

viernes, 22 de marzo de 2013

El Público aventurero llega a Argentina, la tierra del papa Francisco

Aprovechando la actualidad y el nombramiento del nuevo papa Francisco, esta semana en El Público aventurero viaja hasta Argentina para descubrir un país enorme, en territorio y  maravillas naturales y culturales. Un recorrido por Buenos Aires, las Cataratas de Iguazú, los Andes y la Tierra de Fuego, su gastronomía, su tango...

Les dejo el enlace para que lo escuchen AQUÍ. Otra forma de viajar, escuchando... (Día 15 de marzo a partir del min. 107)

http://www.canalsuralacarta.es/radio/programa/el-publico/60


Pueden escuchar la sección de viajes El Público aventurero en el programa El Público de Canal Sur Radio (de 16 a 19 horas) con Jesús Vigorra los viernes a partir de las 17.30 horas a través del dial en toda Andalucía y en todo el mundo por la radio on line en www.canalsur.es

domingo, 17 de marzo de 2013

El Público aventurero, nueva sección de viajes en el programa de Jesús Vigorra



El exitoso programa de Canal Sur Radio presentado por Jesús Vigorra, El Público, cuenta desde principios de marzo con una nueva sección de viajes, El Público aventurero, que tengo el placer de llevar a cabo. Una vez más vuelvo a unir los viajes y el periodismo, en este caso el mágico mundo de la radio, para intentar transmitir a los oyentes mi pasión por ellos y acercarlos a los destinos más variopintos del planeta.


Para arrancar El Público aventurero, que se podrá escuchar los viernes por la tarde (en torno a las 17.30 horas) dentro del programa El Público de Canal Sur Radio (16 a 19 horas), nos fuimos de viaje a un destino muy de moda a cuenta de la muerte de Hugo Chávez, Venezuela. Para descubrir este hermoso país, hablamos primero de la capital, Santiago de León de Caracas, y luego nos transportamos a sus exuberantes islas y parajes naturales como el famoso Salto del Ángel. No dejamos atrás su cultura, sus costumbres, su gastronomía, ni su reputada bebida nacional, el ron.


Si quiere escucharlo puede hacerlo AQUÍ o a través de este link (Día 8 de marzo a partir del minuto 97:40): http://www.canalsuralacarta.es/radio/programa/el-publico/60


También puede escuchar el programa en directo a través de este enlace AQUÍ , a través de la web oficial de www.canalsur.es y en el dial de la FM en toda Andalucía (enlace con los diales por provincia

viernes, 26 de octubre de 2012

Ya a la venta ´Mentores de la aventura, diario de un monitor de la Ruta Quetzal´



Aprovechando las bodas de plata de la expedición Ruta Quetzal, programa declarado de interés universal por la UNESCO, y que han disfrutado más de 10.000 jóvenes del mundo entero, el periodista José Pablo García se decidió a escribir Mentores de la aventura. Diario de un monitor de la Ruta Quetzal para volcar experiencias y vivencias únicas que disfrutó como monitor de Ruta Quetzal BBVA y que ahora se publica en la joven editorial Seleer (www.editorialseleer.com)




Con esta obra se pretende cubrir un hueco editorial que responde a los gustos y sentimientos de la gran familia rutera, compuesta por expedicionarios, colaboradores y monitores, a las personas interesadas en la pedagogía aplicada a las actividades de tiempo libre y, por supuesto, a los amantes de los viajes y la aventura. El libro, que cuenta con el prólogo de Santiago Tejedor, Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona y creador del primer Máster de Periodismo de Viaje en España, se divide en dos grandes apartados. Una primera parte, en la que se describe de forma somera la expedición, así como se detalla el proceso de selección y los pasos previos para llegar a ser monitor de la Ruta Quetzal; y una segunda parte, en la que comienza el diario con todas las andanzas vividas en Panamá y España. La publicación se complementa con una amplia colección de fotografías cedidas por la organización de Ruta Quetzal, obra de Ángel Colina, que pretenden que con su imaginación vuele al lugar de la aventura.
 


El libro puede comprase (en España y en el resto del mundo) a través de la página web de la editorial (www.editorialseleer.com), en la tienda on line www.amazon.es y en librerías y grandes superficies al precio de 15,95 euros. También puede se puede comprar en formato e-book a través de la propia editorial y en www.amazon.es

miércoles, 18 de julio de 2012

Día 1: Atenas, καλώς ήρθατε (bienvenidos) españoles


Si la sempiterna es si fue antes el huevo o la gallina, lo que está claro es que para esa época Atenas ya llevaba varios siglos dándole forma a la civilización. De algo les sonará los conceptos música, lógica, arquitectura o la tan denostada democracia; todos tuvieron sus inicios en la antigua Ática.



Para llegar a Atenas desde España, la mejor forma de hacerlo (y normalmente la más barata) es volar con Vueling desde Barcelona. Eso fue precisamente lo que hicimos, arrancar de forma “mediterránea” nuestro viaje antes de llegar a Grecia. Con unos viejos amigos de aventura, Enric y Suso, compartimos Diagonal, Gaudí, Gracia, cervezas y risas.


El feliz pero siempre incómodo “Vueling” llegó a la hora prevista. Desde el Aeropuerto internacional Eleftherios Venizelos hay tres formas de llegar al centro (plaza Syntagma): en metro (8 €), en bus (5 €) o en taxi (no más de 30 €). Precios estratosféricos a los que, suponemos, debemos achacar a la tan visible crisis que sufre este país y que de alguna manera de salvación se repercute al turista.



Nuestro viaje a una historia de más de 6.000 años comenzará mañana. Antes, descansaremos en nuestro correcto y económico Hotel Crystal City, una de las mejores opciones si tenemos en cuenta el baremo de la calidad/precio en una ciudad que está atestada de buenos y malos hoteles.




En Atenas, a 5 de julio de 2012

Día 2: Atenas, capital histórica de Europa


Los días en la capital en la temporada estival empiezan, obligatoriamente, al alba. Las altas temperaturas (alcanzan los 40 ºC) junto a la humedad, hacen de la visita casi una tragedia griega. No es ninguna locura, por tanto, empezar el recorrido a las 8 de la mañana para ser el primero en entrar, con varios grupos de aborregados turistas también, en la Acrópolis (12 € con acceso también al Ágora, Olimpeion, el Teatro de Dionisio, etc. Los domingos la entrada es gratuita). Un viaje a Atenas se justifica tan solo con esta visita que tiene su momento culmen en el Partenón o Templo de Atenea virgen, o lo que es lo mismo, el máximo exponente artístico de la Grecia Clásica.


Aunque pudiera parecer que ahí acaba la visita a la ciudad, nada más lejos de la realidad. No siga a la manada de autobuses turísticos que harán creer al turista que todo empieza y acaba aquí. Muy cerca, en el Ágora, lo que fue el centro de la vida pública, se encuentra, por ejemplo, el Templo de Efeso, el mejor conservado del mundo griego clásico. Después de tanta piedra, que aunque no lo parezca también cansa, se puede pasear por una de las céntricas plazas de Monastiraki o Plaka y ver el diario de los atenienses hasta llegar hasta la Plaza Syntagma, el corazón de la urbe.



Atenas es sinónimos de muchas palabras, también de Olimpiada o Juegos Olímpicos, que por cierto no son lo mismo. Para la gente en general y para los amantes del deporte en particular, una visita al Estadio Olímpico (3 €, pero no es necesario acceder porque desde fuera se ve todo el recinto), es obligada. Los primeros Juegos de nuestra época (1896) se celebraron aquí y en este mismo espacio se situaba el originario edificio construido en el 335 a.C.



Por la tarde se puede visitar la zona de Omonia (Ayuntamiento), pero esto último (siempre contando con una jornada de visita) solo si sobra tiempo para subir la Monte Likavitos (una sufrida pateada o 7 € en funicular), los 227 metros que marcan el paraíso desde el que se divisa Atenas. Y para rematar el día, empezamos con la gastronomía, otro concepto que inventaron los griegos: tzatziki (yogurt fresco con pepino y ajo), ensalada griega con queso feta y moussaka (berenjena rellena de carne picada y con bechamel en el Restaurante Alexander.



En Atenas, a 6 de julio de 2012.

Día 3: Santorni es Oía. Oía es Santorini



Cientos de islas salpican el territorio insular griego. De ellas, por tiempo, solo podíamos elegir dos, ambas en las Cicladas. Tal vez decir eso es poco para situar en el mapa, pero si hablamos de que entre ese conjunto de 56 islas que baña el Mar Egeo está, por ejemplo Santorini, la cosa cambia. Precisamente en el sur de este conjunto se encuentra una de las islas más famosas del mundo que se distingue del resto por su especial morfología que se debe a la acción de un volcán hoy en día extinguido. Para llegar hasta ella en verano hay ferrys diarios desde Atenas y otras islas (puede consultarse los horarios, que varían mucho, así como los precios, entre 35 y 65 €, en www.fantasticgreece.com)




La capital de la que dicen fue la antigua Atlántida es Fira o Thira. Allí la vida es bulliciosa, desordenada y maleada. Hay que intentar huir a la esencia de Santorini, bien en bus público o alquilando un coche, moto o quad (nunca en el puerto, mejor en el pueblo). Ésta no es otra que un pequeño pueblo situado al norte que es, para resumir, la idea que todo el mundo tiene de las islas griegas. Todas las fotos que están en las guías, de hecho, están hechas disparadas desde estas callejuelas encaladas de blanco isleño y azul de mar; los atardeceres, dicen uno de los mejores del universo, también se disfrutan aquí de otra manera; la tranquilidad, una vez pasada la marea humana que viene para ver el ocaso; y la buena mesa (a un precio ajustado) en el Restaurante Kyprida. Un rincón para volver siempre.




Aparte de estos, los demás pueblos se quedan en nada y solo restan sus playas. Para empezar, pongamos por caso, en el norte de la isla, Kolumbus. Mañana llegarán más. Ahora es tiempo de relax en nuestro hotel, Heliophos, en Finikia (1 km. De Oía), un conjunto bello de casitas con terraza y vistas al mar regentado por Sofía, una francesa que pasa seis meses trabajando aquí y otros seis meses viajando. De mayor quiero ser como ella.




En Santorini, a 7 de julio de 2012.

Día 4: Que buena comida...



Saberse bien alimentado y disfrutar de ello es una máxima mediterránea que por supuesto en Grecia llevan a gala desde primera hora de la mañana: tostadas de paté de aceitunas trituradas, queso feta para untar, fruta, yogurt…




Si volvemos a hablar de pueblos, en Oía se acaba Santorini, pero la isla tiene algún que otro aliciente más aparte de sus playas, sobre todo en forma de conjuntos arqueológicos. El principal es el de Akrotiri, uno de los más importantes del país, y el de la antigua Thera, otrora capital. Junto a éstos, y teniendo en cuenta que el calor achicharra en estas latitudes, otra alternativa al sol y a la playa es subir al Profitis Ilias, el monte más alto de la isla. Después, lógicamente, están sus playas. Las hay para todos los gustos: únicas, como la Red beach; superpobladas por turistas, como las de kamari; con gente y servicios pero menos en Perissa; o más tranquilas como la de Eros (zona de Vlichada). En esta ruta, como complemento culinario, ofrecen buen pescado fresco a un precio decente en Georges (faro) Psaraki (zona Akotiri).




Por única, elegimos la Playa Roja. Bajo una acantilado de arena roja descansa una pequeña cala que contenta a todos con sus aguas transparentes y enormes guijarros, no aptos para juegos con amigos. Pero más allá de las particularidades naturales, es un señor bien entrado en años la gran atracción de este rincón. En su cesto de mimbre trabajado a mano lleva grandes tajos de melón y sandía delicadamente cortados para refrescar a los bañistas, que como diría aquel, se las quitan de las manos.



Sin darme cuenta, esta crónica empezó hablando de comida, una de esas grandes necesidades y a la vez pequeño placer que da la vida, y terminará de la misma manera. Una cena a la luz de las estrellas y el sabor de una buena mesa. Esto también es cultura. ¡Qué aproveche!



En Santorini, a 8 de julio de 2012.