jueves, 15 de septiembre de 2011

Lastarria, el lugar que me vio nacer


El Barrio de Lastarria (www.barriolastarria.com) es el que me está viendo crecer como español en Santiago de Chile. Caí aquí por casualidad, ya que mi amigo Nono me dejó su casa para mudarse a otra. Nada más pasear la primera tarde por sus calle reconocí que era mi barrio: residencial y a la vez bohemio, entretenido, cultural, con vida, aunque siempre tranquilo.Su desarrollo comenzó a mediados del siglo XIX, con la construcción de la Parroquia de la Vera Cruz.


En los primeros años del siglo XX el barrio se consolida como tal, y llegan a vivir en él personajes importantes de la cultura chilena como doña Victoria Subercaseaux, prima y esposa del que fuera intendente de Santiago Benjamín Vicuña Mackenna; Pedro Aguirre Cerda , presidente de Chile entre los años 1938 y 1941, y el escritor y pensador liberal don José Victorino Lastarria, que es el que le da nombre a la calle principal y también al barrio.



Los bares, cafés, restaurantes, librerías (como por ejemplo Ulises, mi preferida), tiendas de diseño, galerías de arte y centros culturales (con el GAM, el Centro Gabriela Mistral, al frente), dan colorido a calles pavimentadas llenas de vida y plazas con mucho encanto. Teatros, como el Ictus, o el Cinearte El Biógrafo (ahora programa Medianoche en París, que delicia...) termina de completar la postal.


En el 104 de José Victorino Lastarria vivo yo. En el departamento 924, en un solo ambiente que mezcla la cocina, el salón y el dormitorio, con vistas a la Cordillera de los Andes y en pleno centro de la capital. La abandonaré por unos días, me marcho a Valparaíso, ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

En Santiago de Chile a 15 de septiembre de 2011.

11 de septiembre de 1973

Mi primer día completo en Santiago de Chile fue un 11 de septiembre, el mismo que tan en boca de todos ha estado en los últimos días por la trágica efeméride de Nueva York. Pero de lo que hasta la saciedad se ha hablado no le voy a apostillar ni una coma. Yo quiero hablar de otro 11 de septiembre, en concreto el de de 1973.


La mala situación económica del país a pesar de los cambios introducidos por un presidente socialista, Salvador Allende, se torna casi en una guerra civil a principio de los 70. Upelientos, partidarios del presidente, y momios, detractores de éste, se enfrentaban y la tesión cree por momentos. Los militares entran en la escena política chilena. El día antes señalado entran en el Palacio de La Moneda, sede del gobierno, y lo bombardean. Salvador Allende se suicida en el interior. Poco tiempo después, se instaura la dictadura liderado por Augsto Pinochet Ugarte. Con él se escriben páginas negras de la historia de este país. Derechos humanos destrozados, liberadas coartada, torturados, muertos, vejados. Así hasta que en 1989 el candidato de la Concertación de Partidos, Patricio Alwin Azócar, gana las elecciones. La democracia vuelve a reinar en el país austral.



Hoy he tenido de frente ese trozo de la historia que marcó a un país y a varias generaciones, el Palacio de la Moneda El lugar donde reside el poder ejecutivo y la democracia de Chile. (metro La Moneda. Las visitas al público no se realizan hasta finales de año por trabajos de conservación. Para visitarlo hay que hacer una petición por escrito en la página web oficial con bastante antelación). La Moneda, bien merece una visita.


En Santiago de Chile, a 14 de septiembre de 2011.

martes, 13 de septiembre de 2011

La vida está en el mercado




El día a día transita en los mercados. Es hora de hacer mi primera compra en Santiago y para elegir, que mejor que conocer primero. La principal plaza de abastos de la capital es el Mercado central que bajo un imperfecto amasijo de hierros cobija buenos géneros desde 1872. Además del pescado, la carne, fruta y verduras, hoy en día son muy reconocidos sus pequeños bares para degustar algunos de los manjares que da esta tierra, sobre todos los que provienen del mar: congrio -especie de merluza pero más sabrosa-, salmón, corvina, etc.). Capítulo aparte merece el marisco: macha, loco, camarones, ostras, lapas... Un sin fin de pequeños animalitos, que a pesar de lo que pudiera parecer, no son especialmente del gusto de los chilenos; y a los datos me agarro. Chile es uno de los países con menos consumo de pescados y mariscos del mundo a pesar de sus más de 4.000 kilómetros de costa. Donde se ponga un buen asado...



El Central es el principal, pero no el único (a ambos se llegan desde el metro Puente Cal y Canto). Caminando por unos rincones menos europeos, con más baches en las calles y menos lujo en las vestimenta de los mercaderes, se llega a La Vega, sitio auténtico donde los haya. La mezcla de olores de los puestos de especias y cereales más el colorido de las frutas y verduras que adornan los puestos hacen las delicias de los menos delicados a rincones no aptos para turistas. Allí compré una piña de las que saben, palta (aguacate, uno de los ingredientes básico en la cocina chilena) sabrosa y varios tomates que nada tienen que ver con los de las grandes superficies. Después llegó esto, para los productos de limpieza y las conservas, etc, pero de eso ya no les cuento mucho porque es más de lo mismo.




Antes, que lo olvidé, probé uno de los aperitivos preferidos en este país, la empanada de pino. Nada hay del árbol entre la masa de harina sino más bien carne picada con cebolla condimentada con comino y ajo. A mi se me gana por la comida y, por ahora, lo probado ha sido disfrutado. Seguiremos informando...

En Santiago de Chile a 12 de septiembre de 2011.

Fiesta de bienvenida santiaguina


El domingo es el día que nos regaló el Señor para descansar y así es como hay que afrontarlo, con ganas de relax y, por qué no, diversión. Los rayos de sol me despiertan con fuerza. En un noveno creo que pegan más fuerte. Empezar a conocer una ciudad pateándola es prioritario, pero hay una fórmula más rápida y sana: hacer footing. Le hago caso a mi amigo Nono y nos calzamos las bermudas y la polera, como dicen por aquí, y en poco menos de una hora conocemos varios de los parques que dan oxígeno a la capital, el Parque Forestal, el Bustamante, etc.




Otro entretenimiento dominical es la cocina. Con ello también me engaña Nono en este día, pero es por una buena causa. Vienen unos amigos a la terraza de casa para hacer un quincho, una barbacoa, de bienvenida. Nosotros aportamos a la fiesta hispano-chilena un buen salmorejo y ali-oli. El resto lo compramos en el super: tinto con limón, chela (cerveza) y una pieza de carne para el asado. El sol no hizo falta ni pedirlo, brillaba en toda su intensidad, hasta cansar, en lo más alto.




Fueron llegando amigos de todos lados, pero sin duda mi reencuentro con Irene fue especial. Ella fue monitora de la Ruta Quetzal en 2008 y después de compartir tantos momentos en Panamá y España hacía mucho que no nos veíamos. La última vez, precisamente, fue en Sevilla. Ahora, a muchos kilómetros de distancia, nos volvemos a ver.




Charlas, consejos, risas y otros amenizaron el almuerzo. Para la cena también íbamos a estar entre amigos. Había quedado con Jesús Codina, un sevillano de éxito en Chile (aquí os dejo un enlace de su aparición en Andaluces por el mundo que hizo Luis Márquez para que lo conozcáis mejor http://www.youtube.com/watch?v=8f1x-2DMy5o ). Entre otras cosas en un mes estrenará como director con otra sevillana como protagonista, Eva Gómez, el musical Cabaret. Codina es de las personas que pareces que conoces desde toda la vida aunque solo haya habido una trago de por medio. Sus recomendaciones son sabias y hay que hacerle caso. Es lo penúltimo del día. Antes de dormir un mendozita, un pastel recubierto de chocolate de lo más dulces antes de dormir.


En Santiago, a 11 de septiembre de 2011.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Aterrizando en Santiago





Las últimas horas antes de partir las pasé con un romántico de la profesión periodística, de los que ya quedan pocos, el señor Vélez. Por poner un ejemplo, fíjense en la reliquia de cámara que gasta mi colega, como las de antes, blanco y negro y a revelar. Con ella precisamente me retrató por última vez en territorio español. El tiempo, indefinido, marcará mi regreso.

Llegar a Chile cuesta mucho. Tanto como por lo menos 1.000 euros en un vuelo correcto de precio para la ida y la vuelta (las únicas compañías que vuelan directo desde Madrid son Iberia y Lan Chile, aunque Air Europa, KLM y alguna otra tienen ofertas con vuelos indirectos pasando por Buenos Aires, Lima o México DF de vez en cuando). Cuesta también tiempo, el mismo que hay que emplear para cubrir los 14.000 kilómetros que se alejan una capital de otra. Eso se traduce en poco más de dieciséis interminables horas de vuelo en lo que lo único que te saca de la desesperación más galopante es un suelo profundo o las inolvidables vistas de la Cordillera Andina antes de aterrizar en Santiago de Chile.

Aquí, en la capital, donde he aterrizado cuando eran las 12.30 pm, hora local, cinco más en España, ya es primavera. No oficialmente, pero si oficiosamente. El sol brilla radiante entre lo que parecen a simple vista nubes y no es más que polución concentrada (lo llaman "smog"), la gente baila la cueca, una especie de mezcla entre una jota y una sevillana al compás de la guitarra, mangas cortas (la mínima estará en 6 grados pero ahora hace 22 grados), terrazas llenas. El invierno y la desgracia parece que pasan. Me lo confirma el taxista que me lleva, las estaciones de esquí están a punto de cerrar y la profunda tristeza vivida por el pueblo chileno tras la tragedia aérea en la Isla de Juan Fernández en la que murió, entre otros, el más famoso presentador de la tv nacional, Felipe Camiroaga, va mitigándose.

No sé ya que hora es ni cuantas veces he comido o he dejado de hacerlo en las últimas horas, pero el que lo será todo en mi estancia en Santiago, otro señor, Nono, me lleva a comer cosas ricas junto a Babi, su novia, después de recogerlos de un anuncio en el que han participado como extras. Hoy pruebo el pastel de Choclo, que traducido al castellano peninsular, cosa que por lo que veo voy a tener que hacer continuamente, sería un simple pastel de maíz. Humilde pero delicioso. Vuelvo a casa y el camino me suena familiar; podría ser cualquier calle de Europa pero a miles de kilómetros. Es verdad, cuando subo al noveno piso en el que vivo doy fe de ello, Santiago se despierta cada día entre montañas. Esta mezcla la han hecho único y ahora yo soy un afortunado más que podrá vivirla y disfrutarla. Empieza de nuevo una aventura...

* Cada día, a partir de hoy, intentaré resumir las vivencias que vayan sucediéndose aportando además información del país, la capital, la cultura y sus gentes. / Foto 1: vista de Santiago desde la azotea de mi casa, en la Alameda Bernardo O´Higgins / Foto 2: Terraza del Patio Andaluz, en Lastarria / Foto 3: imagen de Los Andes desde el avión de Sky Airline que une Buenos Aires con Santiago / Foto 4: en el aeropuerto de Barajas con Juan Carlos Vélez.

lunes, 11 de julio de 2011

Día 7: Despedida y una oda, fugaz, al consumismo

Nos quedan tan solo unas horas en la gran ciudad y hoy toca ir cerrando los frente abiertos que hemos ido dejando tras nuestra huella estos días. Visitamos algunos rincones que se nos escaparon antes por falta de tiempo o presencia del cansancio y hacemos algo que en otras partes del universo es prescindible, pero aquí se antoja de obligado cumplimiento, casi, por decreto: ir de compras. Pero no crean que me he vuelto loco ni he faltado a mis principios viajeros: he dicho ir de compras, no comprar.




Sin duda, la visita a determinadas tiendas (M&M, Abercrombie, Victoria´s Secret, grandes almacenes, etc.) se convierte en la quinta esencia para los amantes del despilfarro, y para los neófitos en la materia, no deja de ser algo curioso con un cronometro, eso sí, para no sobrepasar el tiempo máximo permitido para que esa fatídica acción no perjudique gravemente mi salud. Tan solo hago una excepción, la judería FAO; en ese caso se podría parar el tiempo sin problemas. Allí está por ejemplo el piano que usó Tom Hanks en la película Big, y también hay miles de peluches, casa de muñecas de ensueño, marionetas y hasta un futbolín de la Barbie (24.999 $).



El tiempo, divino manjar, se agota. El game over se acerca. Es el día de Andalucía, y antes de irme quiero una foto en Times Square con mi camiseta de la patria chica. Tengo ese feo defecto, añorar la tierra en la distancia, aunque después esté en ella y le busque mil y una criticas constructivas. Antes de la despedida había algo muy importante que siempre quise hacer: tirar la bolsa de basura por el compartimento que tienen los apartamentos neoyorquinos en el interior de sus pisos. Pero un acto simple pero una de las experiencias más inolvidables que nunca he había vivido. Son las pequeñas cosas que hacen felices a las personas, o al menos conmigo lo ha hecho. Definitivamente, creo que el cine siempre tuvo mucha culpa en la construcción del sueño americano y toda su parafernalia.




¡Corten!

En NY, a 27 de febrero de 2011.

Día 6: La caja tonta más inteligente

Madrugamos para ir a misa. Es domingo, el día del Señor. Buscabamos una iglesia presbiteria para asistir a una celebración gospel del sacramento. Lo intentamos por nuestra cuenta, pero no hubo fortuna. Será lo primero en la lista de motivos por los que volver a Estados Unidos.




Volvimos por tanto al hotel para preparar la maleta y aprovechamos el tiempo ganado al reloj para ver la televisión, una de las patas sobre la que se sustenta la cultura americana. El concepto espectáculo está tan arraigado aquí, como beber coca cola de litro cuando se tiene sed. Valga como ejemplo un botón en cuanto al audiovisual se refiere; pongamos por caso la cadena deportiva por antonomasia, ESPN. De un simple entrenamiento de pretemporada de fútbol americano sacan una programación en directo que abarca buena parte de la mañana con la retransmisión en directo, infografías, debate con especialistas; y todo porque saben colocar como nadie el lacito a cualquier producto que emiten. Lo digo sin acritud y con actitud de pronta imitación.



La vuelta, prevista para las 15 horas, la adelantamos para estar en Nueva York a tiempo para ver la gala de los Oscars, otra ocasión para vivir desde dentro otra de las patas del sueño americano, el del cine y sus celebrities.

En DC, a 26 de febrero de 2011.

Día 5: Un vistazo a la capital del mundo


La visita a Washington debe empezar obligatoriamente por el Capitolio, el corazón del poder estadounidense. En su interior alberga la cámara de representantes, el senado y la corte suprema. Las visitas, de mucho interés aunque sólo en inglés, duran 30 minutos y son gratuitas.




Desde ahí, el centro de Washington, el centro del mundo políticamente hablando, el National Mall vertebra el resto de la visita. Es una zona ajardinada que llega hasta el monumento a Washington y sobre la que se distribuyen los museos pertenecientes a la Fundación Smithsonian. Esta institución privada fue fundad por el inglés James Smithsonian que, paradojas de la vida, nunca visitó Estados Unidos, pero a pesar de ello donó toda su fortuna a los americanos en pro de incrementar y difundir el conocimiento entre los hombres. De entre ellos, el más destacado es el Museo Nacional del Aire y el espacio, el más visitado del mundo por delante del Louvre, el Metropolitan o el Hermitage. Y todos, totalmente gratuitos.





Sin duda, además de las decenas de memoriales (Linconl, Guerra de Corea, Víctimas del Holocausto, Veteranos de Vietnam, etc). Junto a ellos, la atracción más famosa, la Casa Blanca. Tan importante con solo nombrarla, su realidad se reduce a un amplio chalet con zonas ajardinadas donde, de vez en cuando, se ordenan los designios del planeta. A sus puertas, los opositores protestan por ello: unos contra la Guerra de Iraq, otros por el conflicto en los países árabes, etc.





El centro neurálgico del poder está aderezado de todo tipo de instituciones y organismos con sede en la ciudad. Sorprende verlos todos juntos y en un radio tan estrecho pero, por sobredosis, termina cansado. Ese es el momento de planear la retirada.





Antes de hacerlo, fuimos a un supermercado, pero hasta esa simple acción es diametralmente opuesta a como la entendemos nosotros, los españoles, me refiero. La idílica imagen que pueden imaginarse de hacer la compra, cambia mucho por estos lares. Todo, absolutamente todo (excepto mínimas cosas que llaman en plan moderno orgánicas) están procesadas: patatas frita de paquete con sopa Campbell de primero, carne con salsa al curry de lata y piña en su jugo con dos chocolatinas es lo máximo que se puede aspirar comer después de hacer la compra y llegar a casa. Y para beber, una Budweiser.

En DC, 25 de febrero de 2011.

martes, 7 de junio de 2011

Día 4: de NY a DC

Brooklyn es el barrio más poblado de Nueva York. Lo une a Manhattan el lugar prelidecto de suicidas, artistas y directores de cine; dieciséis años se tardó en construir este coloso de acero y hormigón por el que atraviesan al día miles de coches y personas. Esta mañana, por primera vez en nuestra estancia, la lluvia arreciaba con fuerza. Era imposible atravesarlo a pie. Una opción normal era tomar un taxi. Esto, en Nueva York, también se convierte en otra posibilidad de hacer turismo.




Alcanzamos antes del mediodía Chinatown. Desde esa zona de la ciudad parten cada hora autobuses hacía la capital (salen desde Canal St., en varios puntos repartidos por la vía con diferentes compañías. Aproximadamente 30$ i/v). El trayecto, pesado, de casi cinco horas , sirve para ver pequeños destellos del avance norteamericano: sus carreteras, sus edificios, sus coches, etc.





Arribamos a DC pasado el atardecer. Del Chinatown neoyorquino al capitalino. En la Costa Atlántica pero sin salida al mar, se bautizó así en honor al primer presidente de los Estados Unidos, George Washigton, aunque el distrito se denominó con el nombre del descubridor de las Américas, Cristobal Colón (Distric of Columbus, DC).

La ciudad fue magníficamente proyectada por el francés L´Efant a finales del siglo XVIII, siendo la primera ciudad planificada como centro de gobierno, con el Capitolio como referente, y partir de ahí toda una urbe con sus calles, parques, museos y todos los organismo internacionales relevantes de nuestros días.



Era el momento del descanso, el que llega cuando uno ya no puede más. En este caso, si necesito un hotel en territorio nacional soy fiel a www.hotelplus.com, pero cuando hablamos de territorio internacional, las opciones se multiplican, pero me he decantado, no sin buena recompensa, por una que no falla: http://www.hotels.com/ De entre las posibles moradas, elegimos The Capitol Hill Suites, hotel perfecto si nos atenemos a la relación calidad precio, incluso muy por encima, diría yo.





Reconozco que soy muy de Solo en casa, algunos defectillos que tenemos todos. En cuanto que puedo intento emular al siempre joven Macauly Culkin, y lo de las pizzas en los hoteles, reconozco que lo aprendí de él. El pizzero llegó con su coche, al estilo americano, nos pusimos finos y a dormir. Buenas noches y dulces sueños.

En DC, 24 de febrero de 2011.

lunes, 6 de junio de 2011

Día 3: Un Pulitzer para hoy





Central park puede ser muchas cosas; para mí, un misterio. Todo lo que rodea al gran pulmón de esta city es estridencias, ruidos y algarabía. Entre sus caminos, recortados por árboles y arbustos habitados por graciosas ardillas, el silencio es practicamente absoluto. Junto a algunos de sus lagos helados ahora que el mercurio no sube de los cero grados, la tranquilidad es casi plena. Se puede patinar sobre hielo, ver estatuas, correr o ver a tipos que sacan 10 0 12 perros a la vez como oficio. Pero todo eso tras disfrutar del silencio y la tranquilidad.



Y no solo del museo de la calle vive Nueva York. Ese es el mejor, pero en esta ciudad hay otros muy buenos entre los que destaca el Metropolitan (en todos los museos nacionales de EE.UU. no es obligatorio pagar a pesar de que la gente lo haga y haya estipulado un precio sugerido o recomendado). Para hacerse una idea de la magnitud de esta sala, sírvase un dato, tan solo se expone una cuarta parte de los fondos de la institución. Coja aire,, respire y a ver obras de arte. Así hasta que dure.




Justo enfrente está otro clásico, el Museo Americano de Historia Natural concebido para los más pequeños, pero por eso de ser gratuito, bien merece una visita para ver el gran Tyranosaurus Rex que está expuesto en la última planta.

Pero hoy lo que estábamos deseando que llegara era el momento en el que cayera la tarde. A esa hora teníamos fijada una cita con la historia del periodismo. Pasa desapercibido pero para románticos o frikis, llaman ahora, de esta amada profesión, el dato no podíamos pasarlo por alto. La archiconocida Universidad de Columbia tiene una afamada Escuela de Periodismo más conocida por su fundador que por los méritos contraídos. Les hablo de Josep Pulitzer, fundador de esta institución y que es la misma que otorga anualmente los premios periodísticos más prestigiosos del mundo. El sueño americano, en este caso seguido de periodistas de todos los rincones del mundo, sigue presente.





No es bueno irse a la cama sin comer y eso mi amigo Pitu se lo tomó al pie de la letra. Una hamburguesería neoyorkina, con bancos fijos, una decoración cutre tocada por un póster de Ramones y una carta tan esbelta como ninguno de los allí presentes. Así es Joint burger, el rincón donde hacen cola los del lugar para comerse un trozo de carne a la parrilla bien hecho, patatas con mucho ketchup y soda o cerveza al gusto. Si lo buscan, no lo encontrarán. Si preguntan, con suerte, puede que den con él. Mantendremos el secreto nacional.


En Nueva York, a 24 de febrero de 2011.